Conociendo a Jesús

Las enseñanzas de Jesús acerca de su identidad y lo que decía de si mismo...

Si has aceptado a Cristo en tu vida, ahora tienes una relación con Él. ¡Esto es un gran comienzo! Para hacer que esta relación crezca, necesitas conocerle mejor.

El mejor modo de aprender sobre Jesús, es leyendo en los Evangelios sus propias afirmaciones acerca de su identidad. Los Evangelios son los primeros cuatro libros del Nuevo Testamento y hablan de las “buenas nuevas” (que es lo que significa la palabra Evangelio) de Jesucristo. Fueron escritos en el primer siglo D.C. (Después de Cristo) y están basados en relatos de testigos oculares de la vida de Jesús.

Jesús nació entre el año 4 y 5 A.C. (Antes de Cristo) (Nuestro calendario está un poco atrasado). La nación de Israel había estado invadida por extranjeros casi todo el tiempo desde el siglo 7 A.C. y los judíos luchaban por mantener una identidad como nación. Todo Israelita fiel abrazaba la esperanza de que algún día el Mesías llegaría y proveería salvación para la nación, destronando la ley romana. Mesías es una palabra hebrea que significa “el ungido”, y “Cristo” es un titulo y no el apellido de Jesús.

La mayor parte de los relatos de los Evangelios está dedicada a los tres años que pasó Jesús haciendo ministerio alrededor del Mar de Galilea en el norte de Israel. Nos cuentan la vida y las enseñanzas de una persona única. Jesús, como indican los Evangelios, demostró sus poderes divinos sanando enfermos, ciegos y leprosos; levantando a los muertos, caminando sobre el agua, calmando las aguas furiosas del mar en una tormenta, etc. Las enseñanzas de Jesús carecían del exigente legalismo e intolerancia que caracterizaban al Judaísmo contemporáneo. Jesús llegó a ser tremendamente popular entre la muchedumbre en Galilea.

En todos lados a donde iba, Jesús seguía conduciendo a la gente hacia sí mismo. La muchedumbre buscaba a un libertador político. Los religiosos buscaban el reconocimiento de su posición de “poderosos y piadosos”. Jesús no vino a complacer a ninguno de estos dos grupos.

Examinemos cuatro acontecimientos en el Evangelio de Juan para determinar lo que Jesús decía acerca de sí mismo.

Juan 5: Jesús dice que Dios es Su padre

En el Evangelio de Juan, capitulo 5, Jesús era acosado por los líderes religiosos judíos por sanar a un inválido el día de reposo. Estos consideraban una violación a la ley de Dios cualquier consumo de energía o esfuerzo en ese día que era solo de reposo. Por siglos ellos habían “codificado” lo que estaba permitido y lo que no. Y lo que hizo Jesús ponía en evidencia que no eran más que estrictas reglas de hombres.

Jesús defendió el hecho de sanar a alguien en día de reposo, explicando que Dios, siendo el creador y sustentador del universo, nunca descansa. Y en la historia de la humanidad, Dios siempre está haciendo el bien. Así que Dios no se detiene… “Mi Padre aun hoy está trabajando, y yo también trabajo. Entonces los líderes judíos redoblaban sus esfuerzos para matarlo, pues no sólo quebrantaba el sábado sino que incluso llamaba a Dios su propio Padre, con lo que él mismo se hacía igual a Dios.” (Juan 5:17,18)

Los judíos tomaron las afirmaciones de la divinidad de Jesús como una blasfemia enfermiza. Durante siglos de invasiones de naciones extranjeras, muchos judíos habían soportado sufrimientos terribles por permanecer fieles y adorar a Jehová, el único Dios verdadero. ¿Cómo es que Jesús, un buen judío, llegó a pensar y decir que era igual a Dios?

Juan 8: Jesús dice que Él siempre ha existido

Tres capítulos más adelante en el Evangelio de Juan, Jesús está hablando otra vez con los líderes judíos. Jesús estaba en Jerusalén para la Fiesta de los Tabernáculos, una celebración que conmemoraba la guía de Dios a Moisés y al pueblo de Israel durante su viaje desde Egipto hasta la tierra prometida.

En esta ocasión Jesús hizo muchas aseveraciones. Él dijo ser la luz del mundo, dijo que podía liberar a los hombres de sus pecados y que todo aquel que en Él creyera no moriría. Los líderes judíos estaban nuevamente indignados con las afirmaciones “ridículas” de Jesús, pero aparentemente decidieron tomarlo a loco, esperando poner en evidencia sus inconsistencias. Ni siquiera Abraham, venerado fundador del judaísmo, dijo ser inmortal, así que ¿Cómo se le ocurría a Jesús asegurar esto? Jesús respondió: “Su padre Abraham, se regocijó al pensar que vería mi día; y lo vio y se alegró.
Ni a los cincuenta años llegas —le dijeron los judíos—, ¿y has visto a Abraham? Ciertamente les aseguro que, antes de que Abraham naciera, ¡yo soy! Entonces los judíos tomaron piedras para arrojárselas…’
’ (Juan 8: 56-59)

Las declaraciones de Jesús causaron más alboroto por el uso de las palabras “Yo Soy”. En el antiguo testamento Moisés vio una zarza ardiendo mientras cuidaba las ovejas en el desierto. Cuando Moisés se acercó a la zarza, Dios le habló de repente y le dijo que regresara a Egipto y liberara a los Israelitas de la esclavitud. Dios le aseguró a Moisés que estaría con el.

Moisés le preguntó a Dios, quién debería decir que lo envió. “Yo soy el que soy —respondió Dios a Moisés—. Y esto es lo que tienes que decirles a los israelitas: "Yo soy me ha enviado a ustedes”. (Éxodo 3:14)

“Yo Soy” no era un simple alias de Dios, sino un calificativo que demostraba la completa habilidad de Dios para liberar a los israelitas de la esclavitud. Jesús se atribuyó este mismo nombre y poder.

Juan 10: Jesús dice que es igual a Dios

Esta tercera afirmación se encuentra registrada en el capitulo 10 del Evangelio de Juan. Ocurre en la fiesta de la Dedicación o Hanukkah. Jesús está de nuevo en Jerusalén y los líderes religiosos junto con la muchedumbre están pensando si acaso esta vez Jesús se anunciará como el Mesías, ya que según la tradición, el Mesías se revelaría en una fiesta como esta.

Los líderes judíos se acercaron a Jesús y le preguntaron si el era el Mesías. Talvez era por pura curiosidad, pero es más probable que intentaran tenderle una trampa a Jesús, forzándolo a decir algo que les garantizara poder encerrarlo y ejecutarlo. Pero en lugar de darles una respuesta directa, Jesús les respondió diciendo que ya les había dicho quien era, pero que ellos no lo habían creído.

‘Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen... Mi Padre me las ha dado… El Padre y yo somos uno.
Una vez más los judíos tomaron piedras para arrojárselas, pero Jesús les dijo:
—Yo les he mostrado muchas obras irreprochables que proceden del Padre. ¿Por cuál de ellas me quieren apedrear?
—No te apedreamos por ninguna de ellas sino por blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces pasar por Dios.’
(Juan 10: 27 33)

Juan 11: Jesús dice que Él puede dar la vida eterna

Lázaro, un amigo cercano de Jesús, se enfermó. Este vivía en Betania, a menos de dos millas del este de Jerusalén. Jesús estaba muy lejos de ahí predicando en las orillas del río Jordán. Después de escuchar que Lázaro estaba enfermo, Jesús esperó dos días más para ir a verlo. Cuando Jesús llegó a Betania, Lázaro ya había muerto y lo habían sepultado. Martha, la hermana de Lázaro, salió a encontrarse con Jesús y le dijo que su hermano seguiría vivo si él hubiera llegado antes. Después sigue la conversación de ellos:

Jesús le dijo: —Tu hermano resucitará.
—Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final —respondió Marta.
Entonces Jesús le dijo:
—Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?
—Sí, Señor; yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo.
(Juan 11:23-27)

Jesús se acercó a la tumba en donde habían sepultado a Lázaro, y ordenó que movieran la piedra que la cerraba. Orando en voz alta, le agradeció a su Padre por escucharlo. “Ya sabía yo que siempre me escuchas, pero lo dije por la gente que está aquí presente, para que crean que tú me enviaste”. (Juan 11:42) Terminando la oración, Jesús le ordenó a Lázaro que saliera de la tumba, y el muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas.

Lo que significan las aseveraciones de la deidad de Jesús

Jesús hizo aseveraciones acerca de si mismo que parecían exageradas para muchos: se decía igual a Dios, decía haber existido siempre y que era la fuente de vida eterna. Esto no lo diría cualquiera (por lo menos alguien en su juicio). Jesús incluso dijo tener autoridad sobre todas las cosas en la tierra y que volvería algún día para juzgarla; dijo que él podía perdonar los pecados y que era el único camino que lleva a Dios. Dijo que podía dar vida y saciar la gran “hambre” de los hombres. Se llamaba a sí mismo el Hijo del Hombre, que era un término profético del Antiguo Testamento para referirse al Mesías. Permitió que lo alabaran, a pesar de que sabía que los judíos únicamente debían alabar a Dios.

Durante su angustioso camino a la cruz, los líderes judíos le dijeron al gobernador romano Pilato: “Nosotros tenemos una ley, y según esa ley debe morir, porque se ha hecho pasar por Hijo de Dios” (Juan 19:7). Jesús de Nazaret fue sentenciado a muerte no por lo que hizo, sino por lo que dijo, por lo que aseguraba ser.

C.S. Lewis, un profesor de literatura de la Universidad de Cambridge, quien se convirtiera del escepticismo al cristianismo, mencionó: “yo trato de evitar que se diga lo más tonto que se puede decir de El: ‘puedo aceptar que Jesús es un gran maestro de moral, pero no acepto que sea Dios’. Esto es algo que no debemos ni podemos decir. Un hombre que fuera meramente humano y dijera cosas como las que Jesús dijo, no podría ser un maestro de moral. O bien, es un lunático (del tamaño de uno que diga que es un huevo cocido) o algo mucho peor, como Satanás. Así que tenemos dos opciones y debemos elegir una: o realmente era y es el Hijo de Dios o era un completo loco o algo peor”.1

La vida y las enseñanzas de Jesús son únicas

De todos los fundadores de las diferentes religiones del mundo, Jesús fue el único que decía ser Dios. Abraham, Mahoma, Confucio, Buda, ninguno de ellos dijo ser Dios. Buda por ejemplo, les dijo a sus discípulos cerca del final de su vida, que no se preocuparan por recordarlo, pero que recordaran sus enseñanzas sobre el “camino a la iluminación”.

Cada uno de los fundadores de las religiones del mundo, puede ser separado de su propia religión y enseñanzas sin afectar el mensaje principal y perder el sentido de esa religión. En cambio el cristianismo está fundamentado sobre Cristo, lo que dijo de si mismo, y lo que hizo. Sus enseñanzas son casi vergonzosamente centradas en él mismo. ¿Que más se puede decir del que declaró: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie llega al Padre sino por mi’ (Juan 14:6)? Entonces, si lo que Jesús dijo es verdad, sus aseveraciones están llenas de esperanza. Realmente podemos conocer a Dios porque Él es Dios.

Completamente Dios y completamente hombre

Jesucristo no solo es completamente Dios, sino también completamente hombre. Él sufrió hambre y sed, soledad, el dolor de la traición y del rechazo. Sufrió la humillación de ser colgado semidesnudo en la cruz. Él tuvo tentaciones. Comió comida real y lloró lágrimas reales en la muerte de su amigo. Perdió sangre real durante su crucifixión. Incluso su resurrección fue física. Jesús fue completamente un hombre.

¿Qué significa para nosotros que Jesús sea completamente Dios y completamente hombre?

1. Como Jesús es Dios, es digno de nuestra alabanza. Tenemos que tratarle como Dios, con reverencia y respeto. Jesús no es solo nuestro amigo, también es nuestro Señor.

El señorío de Jesús significa que debemos darle el control de cada área de nuestra vida, no solo nuestra alabanza y nuestra devoción, sino también nuestra carrera, nuestra familia, nuestras finanzas y nuestras actitudes. Seguir a Jesús debería repercutir en nuestras relaciones con otros y en lo que vemos en la televisión. Darle a Jesús el control de estas áreas, no es lo que nos lleva al cielo; mas bien, es un resultado de nuestra relación eterna con Él. Él es tu Señor todopoderoso, ámalo, alábalo.

2. Como Jesús es Dios, puede manejar todos nuestros problemas. No hay nada de lo que enfrentemos, que Dios no pueda sobrellevar. Jesús es el gran YO SOY quien lo puede todo. Jesús aseguró que puede hacer que todas las cosas sirvan para nuestro bien. (Romanos 8:28); de hecho, Jesús puede hacer muchísimo más de lo que podamos pedir o imaginar (Efesios 3:20). Conforme conozcas mejor a Jesús, espero que entiendas que Él tiene el poder para hacer en tu vida lo que promete.

3. Como Jesús es Dios, Él puede reconciliarnos con Dios. Jesús es más que un amigo. Él es nuestro Salvador.

4. Como Jesús fue completamente hombre, Él es capaz de identificarse con todas nuestras necesidades y problemas. No hay nada de lo que nos pasa, que Él no pueda entender: Por haber sufrido él mismo la tentación, puede socorrer a los que son tentados (Hebreos 2:18). Por haber estado entre nosotros, Jesús entiende perfectamente todo lo que sentimos.

5. La identidad de Jesús como un hombre completo, legitima nuestra humanidad. No nos volvemos más cristianos si nos hacemos menos humanos. Dios nos creó a su imagen y quiere que disfrutemos de la vida. Él nos dió habilidades y dones que quiere que desarrollemos. Esto no significa que seguir a Jesús te va a hacer más saludable o rico (aunque te hará mas sabio).

Habrá sacrificios personales. Podrías tener que dejar la comodidad de: un viejo estilo de vida, hábitos arraigados, una carrera, éxito financiero, incluso tu propia vida. Pero aceptar las enseñanzas de Cristo en tu vida, aprender de Él, depender de Él, ¡es lo que hace de esta vida, una vida mejor!

(1) C.S. Lewis, Mere Christianity (Cristianismo, y nada mas) (New York: Macmillan, 1952), pp55-56. Usado con permiso.